"Tus ojos,
esos ojos verdes,
me llenan de esperanza,
me siguen a todas partes
y en mi pecho clavados
llenan esta vacía existencia.
Tus manos,
esas finas manos plenas de pasión,
llenan perpetuamente los sentidos de mi subconsciente.
Tu pelo,
ese pelo suelto, largo, rizado y hermoso,
es la bandera que ondea en lo más hondo de mis recuerdos.
Mi memoria, en su máxima pulcritud,
en su máxima fiabilidad y en su máximo rigor
es incapaz de recordar la perfección de tu presencia.
Esa presencia, tu presencia añorada...
Ese, tu saber estar por mi y hacerme sentir único...
Esa, tu mirada apasionada que me abrasa...
Esa, tu sonrisa dulce cual atardecer de otoño...
Esa, tu clase y señorío, que me hace
empequeñecer y percibir mi insignificancia...
Haberte conocido me reafirma la existencia de un Dios perfecto.
Ese Dios que a su imagen y semejanza
creó al ser más hermoso y maravilloso de su obra
para este pobre mortal
que, ante tu presencia, solo puede,
por sacrílego que sea, amarte y adorarte".
Para E. en el tercer aniversario de nuestra relación